En la campaña de Bill Clinton, a su esposa, la hoy Secretaria de Estado Hillary Clinton, se le ocurrió decir que pudo haberse quedado horneando galletitas y tomando el té, pero que se había propuesto tener éxito en su profesión. Su afirmación se correspondía con el pensamiento y las acciones del rol de la mujer a partir del proceso de la liberación social y sexual de las féminas.
En su campaña para aspirar a la presidencia, las palabras dieron un giro hacia la búsqueda de una imagen hogareña y maternal, al expresar que todos los niños deberían tener los cuidados que ella y su marido pudieron procurar para su hija Chelsea
Nancy Pelosi, primera mujer en ser Speaker de la Cámara de Representantes, en el discurso de su toma de posesión daba las gracias a su marido, a sus 5 hijos y a sus nietos por darle su amor, su apoyo y su confianza para pasar de la cocina al poder.
Parecía que el proceso de un entonces no muy lejano comenzaba a cambiar. La imagen de la mujer profesional y en competencia con el varón que se hizo válida, era la de demostrar su capacidad de decisión, su inteligencia, en pocas palabras, su hombría. No es coincidencia que la Primer Ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher, fuera apodada con el sobrenombre de la Dama de Hierro.
A las señales enviadas a través de sus discursos hogareños de Clinton y de Peloci parecería que le sigue una nueva tendencia en la proyección de una imagen en la que coincida su condición de mujer con su capacidad profesional sin tener que demostrar la hombría masculina. Aparecen las poses y la moda.
Al llegar al poder en el 2004, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero decidió tener un gobierno ejecutivo de igual número de mujeres y varones. 8 ministras y 8 ministros. A pocos meses, las 8 ministras posaron en los jardines de la Moncloa para un reportaje de la revista Vogue lo que provocó un revuelo informativo.
Entre pieles, con vestidos de miles de euros y el trabajo de 3 maquilladores, 5 estilistas y 1 fotógrafo, las ministras aceptaron posar con el argumento de sacarle partido a su feminidad y pedir la igualdad de los sexos. Les llamaron las ministras-vogue.
En días recientes, Cristina Kirchner en su gira por España también provocó revuelo. Su estadía en España ha ocupado los espacios de la sección de moda de los medios de comunicación y por supuesto los comentarios de los programas rosa de los medios audiovisuales. Bien coqueta, la Presidenta lució una cartera baguette de mano, zapatos de gamuza en punta con apliques, aros de amatista, guantes color berenjena y pañuelo con flores. Así la describe el periódico La Nación de Argentina en una de las fotos, sin dejar de mencionar el car-ga-di-si-mo maquillaje que ella acostumbra. Su rostro botox se incluye en la comidilla. Dice el escritor columnista Alfonso Ussía que tiene botox hasta en la demagogia. Michelle Obama que ha ganado el galardón de la revista Vanity Fair como mejor vestida del 2008, aparecerá en la portada de Vogue en la edición de marzo.
¿Feminización? ¿Deslizamiento hacia imágenes faranduleras?
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