¿Y la Democracia? ¿Se puede creer en ella? Ya que no quedan esperanzas, juguemos a los tontos e imaginemos que funciona a gran escala. Puede funcionar en una comunidad, en una región, incluso en un país. Pero cuando intenta dar el salto a una dimensión más amplia, deja de funcionar porque se tropieza con uno de esos poderes que la misma política perversa e inmoral les ha dado facultad.
Ahora bien, aunque no lo creamos así, es el poder del dinero el que más influye en el espectro de esta sociedad en descomposición. De hecho, el poder económico no debería ser el único poder. Y sin embargo, lo es.
La población mundial se encuentra por debajo del umbral de la pobreza o pobreza absoluta. La gran mayoría de los países no pueden satisfacer las necesidades básicas, porque se encuentran enormemente endeudados. A menudo, gobernados por políticos inmorales y desconsiderados que no aceptan frenar ni controlar sus insignios egocéntricos. El dinero no lo es todo, los datos de las desiguales en la distribución de la riqueza pueden no estar reflejando la realidad.
Cuando la acción política es incapaz de solucionar los múltiples problemas que nos afectan, es una desgracia… Para medir el adelanto y bienestar social de los países más allá de sus indicadores puramente económico, si es necesario.
Conviene utilizar el índice de desarrollo humano. En éste se refleja la medida de logros de un país según las competencias humanas, las cuales señalan si las personas tienen vida larga y saludable, son cultas y bien informadas, además de disfrutar de un nivel de vida razonable, basado en estos componentes: esperanza de vida al nacer, logros educativos, seguridad social e ingresos. Cada sociedad tiene sus normas de convivencia, sus usos y sus costumbres. Somos una cultura que no tiene miedo. Una sociedad viva que sabe aceptar sin coacciones.

