Se globaliza la comunicación, y la competencia crece. Cualquier cosa se pone en la red sin el más mínimo pudor, Monica Lewinsky- Bill Clinton en el pasado, y hoy, unos preadultos Mariah Yeater- Justin Bieber, en ocasiones se reproducen en vivo, sin tardanza. A veces, no se toma el tiempo para verificar la veracidad de la información, por el deseo de no dejarse ganar por los demás medios, se lanza de manera precipitada, sin control, para que no le tomen ventaja.
El fenómeno de la velocidad es impresionante, hay acontecimientos que se exponen de manera cruda, simultáneamente, a una audiencia de millones de personas donde cada quien se forma sus juicios. Somos testigos de que ya existe la inteligencia cibernética y que las máquinas digitales pueden comunicarse entre sí en microsegundos, incluso estando fuera del planeta, como es el caso de los satélites.
El dinero mueve al mundo. Sin la función del dinero, esto no hubiera sido posible en el escenario económico global, verdaderamente sin fronteras. Así, contemplamos un panorama de una enfermedad que llamamos »Informatitis» y nadie escapa a sus efectos, como consecuencia de la competencia.
Todo es »súper espectacular» expresión de moda, como si se desatara una fiebre, una brutal epidemia, provocada por un suceso que se transforma en una vorágine de información sin importar su credibilidad, El objetivo es »el momento», no importa quien caiga en las patas de una estampida de elefantes. Aquí, lo lamentable es que esa noticia de »actualidad» se repite una y otra vez, ruido… sobre ruido…; que genera todo tipo de comentarios sobre los protagonistas, la gente le va encima: pero luego de tanta excitación, todo cesará, el tema queda sobremanoseado hasta el cansancio. Entonces, surge otro acontecimiento y los medios irán en pos del nuevo caso.
