A cada momento el hombre descubre nuevas tecnologías. A veces, casi todo se reúne en un sólo elemento y puede ser conducido por un mismo medio a velocidades increíbles.
Somos testigos de la inteligencia cibernética.
Existe una sociedad comunicacional en micro-segundos. Ahí está, el papel que juegan los satélites.
Se minimiza la distancia; todo ocurre rápido.
Podemos ver, escuchar, hablar, intercambiar información y estudiar sin dar un solo paso. Del mismo modo, el panorama presenta un amplio mercado de opiniones con rumbo variable, donde lo que influye es la moda; como una mezcolanza.
Hay un vértigo de etiqueta e imitación, competencia desleal y las mas diversas ofertas económicas.
Se necesita una visión de conjunto y sobre todo un buen olfato para el que oye o ve.
La exigencia, como requisito para pertenecer al flamante club de opiniones que nos aliena, en este »Escenario de excesos» es… !Yo, yo y yo, solo yo, veo lo que tu no ves!
No hay conciencia inocente. La conciencia es moral o inmoral. Quien la tiene fuera de la realidad se hace culpable.
La sociedad vive como una bebida que da sed, una especie de necesidad ficticia que se alimenta así misma, para enmascarar los verdaderos principios ante el valor supremo que es la libertad del individuo.

