Las protestas registradas en Haití el pasado viernes 9 de julio por el anuncio de su gobierno de un fuerte incremento en los precios de los combustibles desataron fuertes protestas acompañadas de violencia, saqueos, negocios destruidos como una especie de lava viviente que deja más daños que soluciones.
El detonante que desbordó esa ira reprimida, frustración acumulada e histórica de este desdichado pueblo fue fruto del paquete de ajustes económicos que firmó ese gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El caos provocado y las repercusiones que traerán a la ya deteriorada economía de ese país las iremos viendo en la medida que avancen los días ya que el daño provocado al precario aparato productivo, las pocas empresas, hoteles y comercios que son los que producían riquezas e impuestos al gobierno quedaron prácticamente desarticulados.
Esto sin dudas repercutirá sobre nosotros la República Dominicana, quien no resiste más inmigración ilegal, esta invasión pacífica cuyos instintos primitivos acabamos de presenciar, y que se ha permitido ante la mirada indiferente de muchos. Que se trata de ser solidarios, que el tráfico de ilegales es uno de los negocios más lucrativos del planeta casi como el tráfico de drogas, que es presión internacional de cargarnos la solución Haitiana, no sabemos, pero ninguna de estas explicaciones puede estar por encima de nuestra seguridad y soberanía.
El país vecino e histórico necesita y se merece sobrevivir, progresar, pero por lo visto solo la comunidad internacional y las grandes potencias o bloques económicos podrán lograr vía las Naciones Unidas creando una especie de fideicomiso que estabilice, organice, dirija y controle esta nación hasta y se creen las condiciones de sostenerse por sí misma. Algunas cifras alarmantes sobre Haití; Actualmente ocupa el lugar 173 de 195 países del ranking de PIB per cápita, con inflación mal documentada por encima del 12%, un crecimiento anual alrededor de 1%, su presupuesto depende un 60% de ayuda extranjera, sin institucionalidad, mucha corrupción administrativa, el 65 % población por debajo línea de pobreza, ocupa lugar 108 del índice desarrollo humano, 77% de desempleo, sus recursos forestales depredados lo que llevara a la desaparición de sus pocos ríos, solo el 20% con acceso a salud, donde la educación es casi nula.
Ante esta preocupante realidad del país vecino, viendo la reacción y la realidad de sus masas, debemos precaver antes de lamentar aplicando firmemente nuestras leyes migratorias, llamando la atención de la comunidad internacional para que ayuden realmente a Haití y contemplar seriamente la construcción de un muro fronterizo porque ya es cuestión de seguridad nacional.

