Vientos de incertidumbre y desconfianza soplan sobre el panorama económico internacional. No debe olvidarse que el proceso acelerado del endeudamiento público en las economías desarrolladas tiene su antecedente inmediato en el estallido de la burbuja inmobiliaria y la colocación en primer plano de los llamados activos tóxicos (títulos financieros incobrables) dentro del sistema financiero estadounidense.
Cierto, podría pensarse que septiembre de 2007 marcó el inicio de la crisis económica generada en Estados Unidos, la cual se propagó con fuerza sobre el conjunto de la economía mundial durante todo el 2008, aunque para finales de 2009 se anunciaba ya el fin de la llamada Gran Recesión.
Pese a que Europa vive momentos de nerviosismo debido al astronómico endeudamiento externo que se manifiesta en los apuros financieros de Grecia, Portugal, España y Italia, entre otros, los ojos del mundo siguen de cerca el comportamiento del grado de confianza de los inversores en la marcha de la economía de Estados Unidos.
Durante los últimos días, las operaciones bursátiles en Europa registran números rojos. Incluso Alemania, considerada como el motor de la economía comunitaria, continúa registrando señales inequívocas de desconfianza e inestabilidad en el mercado financiero de Francfort.
Hoy están a la baja, ayer estuvieron al alza y pasado mañana volverán a estar a la baja, al decir de algunos analistas internacionales. No obstante, el pulso económico internacional se ha tornado más sombrío desde el momento mismo en que la solvencia crediticia de Estados Unidos ha sido degradada por la empresa calificadora de riesgo Standard & Poors, la cual ha procedido a rebajar la nota asignada a la economía norteamericana de AAA (que es la máxima seguridad en los pagos) a AA+ (es decir, un escalón menos en la credibilidad de solvencia).
La degradación de la solvencia crediticia norteamericana no ha hecho más que apuntalar un hecho cierto: el decline de Estados Unidos como potencia económica hegemónica a escala planetaria. Es así como hay que verlo. No se trata de un enfoque coyuntural.
Estamos en presencia del reconocimiento de los graves problemas estructurales que afectan el desempeño productivo, comercial y financiero de EE.UU. Se trata ahora de vigilar el comportamiento del panorama económico internacional, sabiendo que las turbulencias financieras que afectan a Europa Unida y Estados Unidos ya comienzan a ejercer sus efectos negativos sobre el conjunto de la economía mundial.
Así, la región latinoamericana y caribeña debería programar acciones conjuntas, signadas por un espíritu integracionista, tendente a atenuar los efectos de una desaceleración, a mediado plazo, de la economía mundial. Los bancos centrales deberían coordinar políticas monetarias.

