Opinión

Presencia economica

Presencia economica

Por: Daniel Guerrero
guerrerodanielus@yahoo.com

¿Más alimentos?

Aunque el crecimiento de la población mundial ha registrado niveles impresionantes en tan sólo un siglo, lo cierto es que ese fenómeno demográfico no ha sido la causa de los graves problemas alimenticios que afectan a más de mil millones de seres humanos localizados, fundamentalmente, en Asia, África, América Latina y el Caribe. En efecto, para el 1913 la población mundial alcanzaba la suma de 1,8 billones de personas, pero ya en este 2013 que agoniza se estima que más de 7,2 billones de seres humanos habitan a nuestro globo terráqueo. Pero los saltos del aumento de la población mundial han adoptado en los últimos sesenta años la forma de unas zancadas de un gigante: ya para 1965 el planeta estaba habitado por 3 mil 300 millones de personas, situándose en pleno 2010 en unos 6 mil 700 millones. Incluso se proyecta para el 2050 una cantidad de 9 mil 100 millones.

Está comprobado que una población mundial en crecimiento de varios miles de millones de personas se puede sostener fácilmente siempre que existan las necesarias inversiones en infraestructura y un comercio propicio, así como políticas contra la pobreza y de seguridad alimentaria, al decir de expertos en la materia.

Se ha calculado que en el planeta se produce el doble de la cantidad de alimentos requerido para satisfacer la demanda de la población mundial, entrando en juego los prácticas de distribución y los niveles de ingresos necesarios para que la población asista al mercado en busca de los alimentos. El abasto alimenticio constituye un fin estratégico para la supervivencia humana. Para el logro de citada meta los seres humanos han dedicado durante más de 500 mil años grandes esfuerzos para la producción y distribución de los alimentos necesarios para garantizar la continuidad de la vida.

Que no se trata ahora de hacer un recuento histórico sobre la evolución socio-económico de la humanidad, pero sí resulta oportuno señalar que el ser humano, en un principio, se alimentaba de los bienes que recolectaba a través de la caza, pesca y frutos silvestres, entre otros bienes. Carlo M. Cipolla (1922-2000), quien fuera un reconocido investigador italiano, sostiene en su libro “Historia económica de la población mundial (1978) lo siguiente: ”El descubrimiento de la agricultura y de la posibilidad de domesticar a los animales fue la primera revolución económica que conoció la humanidad”.

Las revoluciones científicas y tecnológicas que incidieron en el aumento de la producción de alimentos también se asocian al desarrollo de la esfera del comercio, mediante el cual los canales de distribución pasaron a ser controlados por intereses transnacionales bien definidos, lo que ha conspirado contra la estabilidad nacional e internacional de los precios de los alimentos básicos.

Y es que como sostiene el periodista norteamericano Paul Roberts en su obra “El hambre que viene” (2009): “Los alimentos dejaron de ser simplemente una necesidad para convertirse en una mercancía y su producción se fue separando del sustento y se orientó cada vez más a la competencia por los beneficios”. Porque está comprobado que la permanencia del hambre en nuestro planeta está asociada a la mala distribución de la riqueza creada y a la vigencia de relaciones sociales que consolidan las exclusiones y desigualdades entre los seres humanos.

El Nacional

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