Lecciones de la vida
Siempre se ha pensado que la comprensión de los fenómenos económicos por parte de un ciudadano ordinario -para emplear una expresión adoptada por el recordado político y estadista británico Winston Churchill (1874-1965)- resulta una tarea difícil de asimilar debido a la supuesta complicación de la ciencia económica.
Pero los que así piensan parecen olvidar la raíz etimológica de la palabra economía, la cual deriva del griego oikos (“casa”) y nomos (“administrador”) significando “el arte de administrar el hogar”, de tal manera que desde aquellos tiempos añejos las personas se ocupaban de los problemas cotidianos vinculados a la producción, el comercio y las finanzas. Y eso es la economía.
Toda persona realiza diariamente diversas acciones de contenido económico. Así, al levantarse de la cama consume determinados bienes y servicios, tales como el uso del jabón, pasta dental y alimentos para el desayuno; también se transporta a su centro de trabajo y se comunica con amigos y familiares mediante el uso del teléfono.
También usted suele desarrollar su actividad laboral de manera cotidiana, siendo ésta la principal fuente generadora de dinero para que los consumidores puedan acudir al mercado en busca de bienes y servicios.
Y si usted, por ejemplo, pertenece al mundo de los desempleados podría consultar los periódicos o las redes sociales a través de la Internet para conocer si existe alguna propuesta de trabajo que sea de su interés, realizando así un consumo de servicios. Y ese consumo también forma parte del accionar económico.
Además, de vez en cuando usted suele dirigirse a determinados bancos para realizar depósitos o retiro de dinero, comprar un certificado de inversión o interesarse en la aprobación de un crédito para disponer del dinero necesario para construir su casa o emprender una actividad productiva o comercial.
El pago de importantes servicios, tales como el teléfono, Internet, electricidad, agua y educación de sus hijos o de usted mismo, son también importantes acciones económicas.
Así, el conjunto de actuaciones que a diario acostumbramos a realizar está impregnado de un alto contenido económico, incidiendo de manera directa en el comportamiento de determinados indicadores económicos, los cuales son datos estadísticos que facilitan observar el desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras al interior de un país y en el plano internacional.
El economista español Eduardo Garzón sostiene que “la economía es transversal a casi todas las dimensiones de nuestra vida y nos afecta a través de multitud de vías y formas diferentes.
Nuestro empleo, nuestros ingresos, nuestros impuestos, nuestra educación, nuestra salud, nuestro ocio… todo ello es indisociable de las relaciones económicas que tienen lugar en nuestra sociedad con el objetivo de satisfacer necesidades. Todo está impregnado por la economía…”

