El presidente Danilo Medina, a pesar de los graves problemas que atraviesa la sociedad dominicana, cuenta con una alta tasa de aprobación en la población. Podría decirse que es un hombre de suerte. La suerte no es más que la habilidad de aprovechar las ocasiones favorables, dijo Orison S. Marden.
El presente gobierno no tiene oposición. Quien se declaró líder de la oposición, en discurso del 22 de mayo de 2012, en ningún momento ha exhibido solidaridad con los segmentos socialmente más carenciados.
A Hipólito Mejía el tiempo se le ha ido en disputas con Miguel Vargas y Wilton Guerrero, obviando que el país carece de árbitros, que esas cortes cumplen encomiendas políticas. Su último paso: Ir donde Monchy Fadul a dar satisfacción sobre su inocencia con las protestas. Es un barco sin rumbo.
Danilo, mi tocayo, es un hombre dichoso. Nos metió una reforma tributaria, producto de un déficit fiscal superior a los 200 mil millones de pesos, sin nunca decir el origen del agujero. Y por ahí anda Leonel haciendo campaña.
¡Oye, qué dichoso es mi tocayo! Con relación al caso de la Barrick Gold ha contado con un apoyo aproximado al cien por ciento de los dominicanos. Y en los medios electrónicos hay centenares de comunicadores nacionalistas, botando diablos en contra de la compañía canadiense.
Y todos saben que el responsable de ese leonino contrato es Leonel Fernández y el Congreso Nacional, pero ninguno se va a la raíz del caso. Tampoco Danilo Medina se ha referido a la responsabilidad de los legisladores que le siguen. Todos lo aplauden. Eso es lo que se llama un presidente con suerte.

