
Trump debería leer la biografía del presidente Grover Cleveland. Cleveland, uno de los presidentes más populares de los Estados Unidos, fue el primero en retornar a la Casa Blanca, luego de haber perdido su reelección.
Hoy le toca a Edmundo González Urrutia, ser un presidente errante, luego que el 10 enero, burdamente el dictador Nicolás Maduro, impidiera mediante la fuerza que el pupilo de María Corina Machado, asumiera la presidencia, aún y habiendo obtenido en las urnas más de siete millones de votos en las elecciones del 28 de julio de 2024, sin contar, claro está, con los casi ocho millones de venezolanos que están prácticamente ‘’despatriados’’ y negados de ejercer su derecho al voto.
Contra viento y marea, el dictador venezolano ha logrado permanecer en el palacio de Miraflores, violando inmisericordemente los derechos humanos de un pueblo que eligió abrumadoramente para presidente a Edmundo González.
Maduro lo ha violado todo y se ha burlado de todos. Los acuerdos de Barbados que debieron dar garantías políticas y electorales a la oposición venezolana, Maduro los guardó mojados en la parte más oscura de su cuerpo.
Engañó a Joe Biden y ahora se aprovecha de que Donald Trump está enfocado en deportar a los ilegales de su territorio y acorralar al Movimiento LGTB.
Los dominicanos debemos de estar orgullosos del presidente Luis Abinader, quien asumió con valentía y responsabilidad su rol de defensa de la democracia.
Recibió a Edmundo González y no titubeó en defender el respeto a la voluntad popular en la patria de Bolívar. Igual actitud exhibió el expresidente Hipólito Mejía.
Ya decía Carlos Marx en su ‘’18 brumario de Luis Bonaparte’’ que la historia suele repetirse como tragedia y luego como farsa. Hace 109 años, nuestra República Dominicana también tuvo un presidente errante.
La ocupación militar norteamericana de 1916, no permitió que el ilustre médico, esposo de nuestra insigne, Salomé Ureña, ocupara la presidencia de la República, aún y habiendo sido proclamado como presidente por la Asamblea Nacional.
Al igual que Edmundo González, Francisco Henríquez y Carvajal se convirtió en un trotamundos para denunciar las tropelías de los invasores norteamericanos y exigir sus derechos constitucionales que le había otorgado la Asamblea Nacional.