Opinión

Presidente Martelly

Presidente Martelly

La elección de Michel Martelly como Presidente de la República de Haití representa un quiebre de la población haitiana con sus líderes tradicionales, lo que significa un alivio en la República Dominicana. Sin embargo, estamos llamados a prestar un cercano seguimiento a la evolución del liderazgo de Martelly a los fines de evitar que se vea afectado por los predecibles enfrentamientos con los demás poderes del Estado en Haití que aún controla el liderazgo tradicional, y que esto a su vez no conlleve una polarización de la política haitiana con consecuencias inciertas en nuestras relaciones.

 La República Dominicana y los políticos tradicionales haitianos nunca se han llevado medianamente bien. Así vemos como Aristide fue un constante antagonista de nuestro país en cuanta oportunidad se le presentó, y no muy distinto lo fue Preval, destacándose la prohibición a la entrada de pollos dominicanos a Haití que aún se mantiene por una supuesta gripe aviar.

 Décadas de ignorar todo lo que ocurre del otro lado de la frontera han servido para debilitar tanto la imagen de República Dominicana en Haití y la comunidad internacional, sino además como una limitante a nuestra capacidad de hacer un frente efectivo a los problemas compartidos que marcan las relaciones en la isla.

 La posición de Martelly respecto de muchos temas claves para las relaciones bilaterales entre República Dominicana y Haití no es clara. De hecho, muchas de las declaraciones del nuevo Presidente y varios de sus allegados llegaron al borde de lo desafortunado y amateur. En la mayoría de estos casos se produjeron posteriores correcciones, pero las dudas, y con sobrada razones persiste.

 Es importante destacar que el carácter no tradicionalista de  Martelly puede presentar tanto una ventaja como un riesgo. Es incuestionable que un viraje drástico en Haití era necesario, la dirección y la forma de este, sin embargo, es lo que no queda totalmente claro.

 Lo primero será valorar la posición que asuman las fuerzas tradicionales que controlan el poder legislativo haitiano frente a Martelly, y que tanto están dispuestas a ceder para permitir los cambios prometidos por el novel mandatario. Un enfrentamiento, en cambio, es probable y ante esas circunstancias no se podrá descartar una radicalización de Martelly, reeditándose un escenario similar a lo ocurrido en Venezuela, lo que pudiere no ser favorable para nosotros, y en general para las relaciones bilaterales entre ambos países.

 De momento, la República Dominicana debe mostrar su apoyo tanto diplomático como fáctico para Martelly, aprovechando que ambos hacemos frente al mismo grupo de indeseados en el partidismo tradicional haitiano. Eventualmente, es probable que alguna especie de roce ocurra, pero lo importante es procurar evitar radicalizaciones que trunquen los avances en el desarrollo del comercio bilateral y una política inmigratoria conjunta y racional.

Felicidades Michel Martelly, esperamos que a largo plazo su elección a largo plazo signifique el antes y después de las relaciones dominico-haitianas.

El Nacional

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