Son para preocuparse, sin que nadie se llame a engaño, los números que acompañan la recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que el Gobierno limite el crecimiento del endeudamiento público. Aunque ahora mismo el problema está un tanto relegado, no es que ha dejado de ser una preocupación.
El organismo estima que al terminar el año la deuda representará un 51.1% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que representa un incremento de un 1.4%.
Antes que las comparaciones a que suele apelarse para justificar la carrera, mejor sería reparar en las condiciones muy específicas de República Dominicana, que tiene en el turismo, las remesas y las zonas francas sus principales fuentes de generación de divisas.
Todos saben que el peso de la deuda limita la inversión, además de que se ha llegado al grado de contratar préstamos para pagar intereses y cubrir el déficit fiscal. En ocho años los pagos del sector público no financiero han crecido un 40%. Las perspectivas son inquietantes.

