En las cuatro décadas de esta columna deben haber más de 300 trabajos en los que destaco que lo básico en la atención en salud es la promoción y la prevención en salud, por encima, sin abandonar estas, de las otras dos maneras de brindar servicios de salud: la hospitalización y la rehabilitación sanitaria. Nunca se ha hecho caso de esto, por ello vivimos en un sistema medicalizado dominado por el negocio de la salud, y manchado, por si fuera poco, por la corrupción.
El pasado lunes leí de la pluma de la periodista Indhira Suero Acosta un excelente y completo trabajo titulado “El sistema de salud dominicano hospitaliza lo que se puede prevenir” que trajo estas bellezas: “El hormigueo en los pies, la sed constante o una herida que no cicatriza pueden parecer molestias menores. Sin embargo, para miles de personas en República Dominicana estos síntomas terminan en hospitalizaciones, amputaciones o enfermedades crónicas detectadas demasiado tarde, en un sistema que gasta más en tratar complicaciones de la diabetes, obesidad, hipertensión o gastroenteritis, que en prevenirlas.
Así lo evidencian datos de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril) y la Organización Panamericana de la Salud. Entre 2019 y 2024 se registraron 395,248 hospitalizaciones evitables, equivalentes al 16 % de los egresos hospitalarios del país, con un costo superior a los 12,400 millones de pesos.
La falta de prevención ocurre en un contexto de crecimiento sostenido de enfermedades crónicas.
Según datos del Ministerio de Salud Pública, más del 70 % de la población adulta presenta sobrepeso u obesidad.
El expresidente del Colegio Médico Dominicano, Senen Caba, atribuye parte del problema al deterioro de la red hospitalaria pública a la ausencia de un modelo sólido de atención primaria.
«El Servicio Nacional de Salud, en vez de comprar servicios a los hospitales públicos, comenzó a comprarlos a instituciones privadas y la salud terminó privatizándose», declaró”.

