Todo el proceso de crisis y transformación de los partidos políticos y sistemas de partidos, desencadenado durante las últimas décadas del siglo pasado en América Latina, ha tenido características peculiares, tanto en lo que respecta a la organización partidaria, que abarca su faz interna y externa, como al ejercicio de sus funciones esenciales.
Las modificaciones organizacionales sufridas por los partidos latinoamericanos pueden resumirse en el declive de las bases militantes, reducción de la afiliación formal, movilidad y volatilidad electoral de los ciudadanos, así como la automatización de líderes respecto de la ideología partidaria.
De ahí que no sea bienvenida por los políticos tradicionales y «caciquitos» la propuesta de instaurar el sistema de primarias abiertas y simultáneas, debido a que es una posibilidad concreta que contribuye al crecimiento y sustentabilidad del sistema democrático porque posibilita ampliar la participación de la sociedad en las estructuras partidarias.
La democratización de los partidos políticos refuerza el sistema político y devuelve legitimidad a la clase política, tan desprestigiada en República Dominicana en los últimos años.
El sistema de primarias abiertas y simultáneas tiene la particularidad de habilitar la participación, en la selección de candidatos, a todos aquellos ciudadanos que figuren en el padrón general, sean afiliados o no a los partidos políticos.
Éstos podrán emitir un solo voto y para una sola agrupación política. La elección de los candidatos no queda únicamente supeditada a la voluntad de los afiliados sino que posibilita que un importante número de electores se involucre en la vida interna de los partidos.
Cabe destacar que en las actuales normativas y proyectos los precandidatos de las diferentes listas que se presenten a primarias podrán hacerlo en las de una agrupación política y para un solo cargo electivo; de esta manera se da por finalizada la especulación de dirigentes que se postulan en una misma elección a dos cargos diferentes.
Primarias abiertas sería un excelente ejercicio democrático, que en el fondo beneficiaría a los partidos, ya que candidatos populares a lo interno pero con alta tasa de rechazo en la sociedad, podrían quedar fuera de la boleta. Creo que sobre ese razonamiento hay temores.

