Cataluña acaba de dar un paso histórico al despojarse de un elemento esencial de su tradición y de la cultura española con la proscripción de las corridas de toros. El sangriento deporte que tanto ha apasionado a los españoles se ha convertido últimamente en objeto de fuertes polémicas y enfrentamientos en torno a los derechos de los animales. Si bien las lidias no son tan populares y apasionantes en Barcelona como en Madrid y Andalucía, la prohibición refleja el rechazo a la crueldad contra los animales, sin importar que se trate de una castración a una fiesta nacional. La decisión, votada 68 votos a favor, 55 en contra y nueve abstenciones, no es todavía como para cantar victoria. El Partido Popular, una organización de centro de derecha que defiende las corridas como parte de la unificación de España, anunció que apelaría la histórica prohibición. España sin toros era una utopía, pero Barcelona ha cambiado la percepción.

