La presencia militar estadounidense en Irak está lejos de terminar. Los 50 mil militares que se quedarán en el territorio, aunque se alegue que no será en labores de combate, cuestiona la retirada definitiva de esa nación anunciada para el 31 de este mes por el presidente Barack Obama. Los militares, que permanecerán el tiempo que sea necesario en la convulsa nación prestando supuestos servicios de asesorías, no sólo podrán portar armas, sino acompañar en misiones a las tropas iraquíes. Cualquiera pensaba que tras una invasión de siete años y cinco meses la retirada era completa y definitiva, sobre todo después de determinarse que el derrocado y ejecutado Saddam Hussein carecía de las armas químicas que sirvieron de pretexto a la expedición. Que se hable de presencia y no de invasión no es más que un eufemismo para salvar el compromiso de Obama de dejar una nación, cuyos ricos yacimientos petrolíferos compensan las cuantiosas pérdidas, pero no el abuso de Estados Unidos. Puede que sólo se haya cambiado la cara de la invasión militar.

