Nadie ha estado seguro ni exento ante los tentáculos de la ola de violencia que se propaga por el territorio. La secuencia de la que estos días han sido víctimas la presentadora y consejera diplomática Socorro Castellanos; la esposa del comediante Cuquín Victoria; el humorista Nicolás Díaz (Margaro), y el director de orquesta y embajador adscrito a la Cancillería, Sergio Vargas, no es más que una buena muestra de la dimensión alcanzada por la delincuencia.
De la misma forma que una figura pública, cualquier ciudadano puede ser víctima de un atraco con armas de fuego o blanca, incluso con intenciones homicidas.
Por la resonancia que cobran los casos que han tocado a gente de la farándula son para que las autoridades evalúen, sin obviar ningún detalle, por más insignificante que resulte, la magnitud alcanzada por la criminalidad y la delincuencia. Son muchas las personas que han caído en las siniestras zarpas del fenómeno que ha sembrado el terror y la inseguridad en la población. El tenebroso cuadro no es para menos.

