Aunque verdad sabida, lo dicho por el profesor de filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Fernando Savater, de que la ignorancia y la miseria son enemigos permanentes de la democracia, debería llegar a obstruidos oídos de Gobierno y élites políticas. En una conferencia sobre Educación y Democracia, auspiciada por Acción Callejera de Santiago, el reconocido filósofo español se lamentó de que los políticos no consideran como inversión los recursos dirigidos a educación. Tiene razón el conferencista al afirmar que muchos políticos basan sus expectativas de ascender al poder en que haya muchos ignorantes a quienes puedan vender una mercancía de demagogia y promesas vacías. Es verdad que entre pobreza e ignorancia existe una vinculación fatal, porque la primera alimenta a la otra y viceversa. Es válido el pedido del doctor Savater para que los empresarios se erijan como promotores sociales en una anhelada fábrica de ideas para fomentar el crecimiento educacional. La desgracia es que aquí se invierte poco en educación.

