La participación del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) con candidaturas propias en las próximas elecciones se torna cada vez más incierta. Las dificultades para convocar la asamblea electiva han sido denunciadas por Alexandra Izquierdo como parte de un plan macabro para justificar una alianza en la primera vuelta. Ya antes, el precandidato presidencial Frank Martínez había acusado a la cúpula de someter la organización a un proceso de desgaste para vendérsela al Gobierno como vaca muerta. Las declaraciones no sólo traducen confrontaciones internas, sino la inquietud que colman un sector del reformismo sobre la suerte que debe correr esa organización en las próximas elecciones. Y lo cierto es que cuesta entender que a los reformistas se les haya hecho tan difícil decidir sobre la celebración de su asamblea siquiera para despejar los nubarrones que ensombrecen su horizonte electoral. Izquierdo, una reformista histórica y de mucho peso, está entre los que propugnan por el fortalecimiento e independencia del partido.
