Al recuperar el arcabuz robado del Faro a Colón, la jefatura de la Policía anunció su determinación de establecer responsabilidades sobre la desaparición de la pieza histórica. Por lo que se ha visto, bien se sabe que la ratería se ha generalizado de tal forma que no repara en altares. Pero cuesta aceptar que el robo de una pieza que sólo tiene valor histórica pudiera ser obra de la delincuencia común. El que la tomó del escaparate donde se encontraba estaba muy consciente de su importancia. Al verse descubierto es posible que decidiera abandonarla como si se tratara de un objeto de poca monta. El robo del arcabuz se presta para realizar un inventario en los museos, pues no se descarta la desaparición, calladamente, de piezas y obras importantes. Sin ir más lejos, hace apenas unos días que la embajada de Estados Unidos devolvió íconos taínos confiscados a contrabandistas. La Policía tiene que profundizar las investigaciones sobre el caso del arcabuz, pues no se descarta que la acción sea parte de una de las muchas bandas de delincuentes que operan aquí.
