Mario Vargas Llosa, quien acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura, es un derechista a carta cabal. La energía con que defiende sus ideas, sobre todo políticas, no es como para ensombrecer su prolífica producción literaria. No es su pensamiento, sino su prosa y su vasto ejercicio como uno de los más fecundos exponentes de las letras lo que se ha reconocido con el galardón al autor de La fiesta del chivo. Nacido en 1936 en Arequipa, Perú, Vargas Llosa, apenas el sexto latinoamericano que recibe el galardón, debuto a los 16 años en la literatura con una obra de teatro. Sólo le faltaba el Nobel para completar los más prestigiosos galardones literarios. Ya había recibido los premios Príncipe de Asturias y Cervantes. Hoy por hoy, el escritor hispano-peruano es de los principales exponentes de las letras y su obra, en todos los géneros, una de las más valuminosas. Pantaleón y las visitadoras, Conversación en la Catedral, La tía Julia y el escribidor, Los jefes y muchas otras testimonian la calidad y producción de Vargas Llosa.

