Los accidentes ferroviarios no son una cosa del otro mundo. Aunque tampoco sean tan frecuentes no hay por qué alarmarse por el inconveniente que paralizó los servicios del Metro. A propósito del vagón que se atascó a unos 30 metros de la estación Máximo Gómez, provocando pánico en los usuarios, todos los países que operan el sistema registran un amplio inventario de accidentes y problemas técnicos. Hasta las propias autoridades dominicanas deben de vez en cuanto recordar la tragedia del transbordar Challenger, que en 1986 se desintegró por problemas técnicos. Pero también la desintegración en pleno vuelo, apenas siete años después, del Columbia, pese a todas las precaucaciones que había tomado la NASA. Por las tragedias Estados Unidos no ha dejado de explorar el espacio. Que falle un vagón o surja algún otro inconveniente con el Metro no es excepción ni motivo de alarma. De lo que sí tienen que preocuparse las autoridades es de corregir la anomalía a la mayor brevedad para que la población disfrute del eficaz medio de transporte.
