El Congreso estadounidense ha hecho gala de una cruel indolencia al bloquear una ayuda de 1,150 millones de dólares por el supuesto temor de que se roben el dinero. Lo que pasa es que a los congresistas les importa un comino la suerte de una nación diezmada por la pobreza, las enfermedades y los fenómenos atmosféricos. De una u otra manera no habrían enarbolado tan pueril e inhumano pretexto para retener una ayuda que hoy los haitianos necesitan con urgencia. Hay que recordar que para que la cooperación internacional no se dilapide y llegue a su destino, se creó una comisión de las Naciones Unidas presidida por el expresidente estadounidense Bill Clinton, para aprobar y supervisar hasta el último centavo. Tras las devastaciones del terremoto del 12 de enero, que además de las víctimas mortales dejó a millares de la familias alojadas en campamentos, y los estragos del cólera, Haití sufre hoy los efectos de las inundaciones causadas por la tormenta Tomás. Esas desgracias son más que suficientes para auxiliar a la vecina nación.

