El Gobierno ha vuelto a congelar los precios de todos los combustibles derivados del petróleo, en la repetición del juego de la ruleta rusa, que además de violar la Ley de Hidrocarburos, crea severas distorsiones presupuestarias. El peligroso juego consiste en que la Secretaría de Industria y Comercio no aplica en el mercado interno el aumento que en una determinada semana registra el barril de petróleo, a la espera de que se produzca en semanas subsiguientes alguna baja que tampoco será aplicada, para así compensar los recursos no percibidos. El jueguito ha evitado que en innúmeras ocasiones se encienda la pradera, pero le ha costado al erario en los últimos meses centenares de millones de pesos. Resulta que la diferencia no aplicada del aumento se convierte en deuda pública que debe saldar la Secretaría de Hacienda, además de que constituye una recurrente violación a la ley. Algo tendrá que hacer el Gobierno para salirse de ese círculo infernal, con una modificación de la Ley 112 sobre hidrocarburos.

