Comienzan a sonar en Washington y Londres las trompetas que anuncian una nueva intervención militar de Estados Unidos y Reino Unido, esta vez en Siria, donde se escenifica una cruenta guerra civil y se acusa al presidente Bachar el Asad de usar armas químicas contra los rebeldes, con saldo de cientos de muertos.
Aunque Rusia bloquea cualquier intento de iniciativa contra Siria en Naciones Unidas (ONU), el presidente Barack Obama solicitó al Pentágono que se prepare ante posibles acciones militares, mientras que el secretario de Defensa, Chuck Hagel, insinuó que ya el movimiento bélico está en marcha con desplazamientos navales en la zona de Oriente Medio.
La matanza perpetrada por el régimen sirio con armas químicas ha conmocionado a Occidente, pero Beijing y Moscú mantienen resuelta oposición a represalia militar contra Damasco. Aun así, Obama y sus asesores militares piensan seriamente en la intervención militar que seguramente será respaldada por Berlín.
Con Siria sumida en el desastre de una guerra civil y el Líbano agobiado por actos terroristas, lo mismo que Irak y las tensiones entre Israel, Palestina, Irán y Turquía, no hay dudas de que los marines estadounidenses encenderían una mecha difícil de apagar.
