Comprensión
La Policía no fuera tan mal valorada si la población comprendiera mejor sus funciones Pero la institución, sobre todo ahora que está en un buen momento, tiene que contribuir para despejar un estigma que la identifica como ineficiente, corrupta y desconfiable. La Policía no genera ni tiene que ver con la violencia ni la crispación que propician los feminicidios, asesinatos por ocupación de un parqueo, roces de vehículos, una cortada de ojo o por una simple discusión.
Se trata de sucesos provocados por problemas económicos, educativos o de salud, pero que se le pegan a la Policía como si en realidad fueran de orden público. Bajo la gestión de Manuel Castro Castillo, quien dicho sea de paso tiene más luces que sombras en la lucha contra la criminalidad y la delincuencia, la Policía puede revertir esa mala imagen que resulta de la incomprensión de sus funciones.
Aunque también de inconductas de titulares y oficiales. Nunca se ha reparado, por ejemplo, que la Policía carece de los recursos necesarios y de que su personal es el peor pagado de la Administración Pública. Pero al que más se le exige.

