Rosario
El rosario que escuchó el presidente Danilo Medina al participar en la misa con motivo del Día de la Altagracia debe servirle por lo menos para reflexionar. Si por casualidad entiende que hace lo necesario para combatir los males sociales, la exposición del obispo Nicanor Peña indica que tiene que hacer más todavía. Los males sociales que según el religioso agobian a la población constituyen un desafío, en la medida que lastran el desarrollo y atentan contra la tranquilidad.
Desempleo, falta de vivienda, inseguridad ciudadana, división y violencia familiar fueron algunos de los males citados por Peña en la homilía que pronunció en la liturgia en honor a la patrona del pueblo dominicano. En realidad, no se trata de nada nuevo.
La novedad quizás fue que el obispo los desgranó sin matices. Y que en lugar de reclamar la intervención del mandatario, Peña decidiera apelar a la solidaridad del dominicano para que abra su corazón frente a los pobres, humildes, enfermos y desamparados, víctimas de las desigualdades sociales. La exposición no deja de invitar a la reflexión.

