Reforma
El ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás, es el único funcionario que insiste en la urgencia de que suscriba un pacto fiscal, como consigna la Estrategia Nacional de Desarrollo. Pero es tan escasa la reacción, que la suya se ha quedado como la voz que clama en el desierto. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las motivaciones, pero no se puede negar la necesidad que tiene el país de definir una política fiscal que cuente con la anuencia de todos los actores.
Montás estima que el pacto debe elevar por lo menos a un 24% la carga fiscal, porque –y en eso está en lo cierto- sobre la base del endeudamiento no se van a resolver los problemas de la nación. Son muchos los que han planteado incluso una reforma integral, que no deje ningún cabo suelto, para evitar parches futuros.
Pero, más que voces aisladas, se necesita un amplio movimiento para impulsar una reforma que es vital no solo en lo que respecta a los ingresos, sino también al gasto. Aunque complazca y estimule la visión de un funcionario y precandidato presidencial como Montás.

