El presidente René Préval, que a dos semanas del terremoto que devastó a Haití no le ha hablado a la población, comienza a ser bombardeado por sectores que no comparten su silencio ni su actitud frente a la hegemonía de la comunidad internacional en torno al futuro de la nación. Y la verdad es que Préval parece haberse convertido en una figura decorativa, que para nada cuenta en las estrategias que se discuten para encarar la suerte de la asolada nación. La impotencia de los primeros días era comprensible ante la magnitud del desastre, pero lo cierto es que ha transcurrido un tiempo más que suficiente como para que el gobernante rompa con el silencio. Se entiende que el proceso para la recuperación de Haití, con todo y lo vital de la comunidad internacional, no puede darse sin la intervención de los propios haitianos. Fuerzas políticas que comienzan a entrar en escena han emplazado al gobernante para que hable y defina una estrategia en torno al futuro inmediato de la población. Préval tendrá que sopesar muy bien la situación.

