Escepticismo
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha iniciado su segundo mandato en medio de un ambiente dominado por el escepticismo a causa de los escándalos de corrupción por los cuales están presos o bajo investigación tanto grandes empresas como prominentes colaboradores de su primera gestión.
El giro conservador impreso a su nuevo gabinete con la designación de ministros que se identifican con la racionalidad del gasto para recuperar el crecimiento no ha generado esperanza en una población indignada y atribulada por la crisis económica. Antes de juramentarse, ya lidiaba con la objeción del pastor evangélico George Hilton como ministro de Deportes, A Hilton, del Partido Republicano Brasileño (PRB), uno de los aliados del Partido de los Trabajadores (PT), además de su pasado oscuro, se le objeta por la poca afinidad que tendría con la cartera. La crisis económica, los escándalos de corrupción y la designación de ministros cuestionados propician una atmósfera problemática para Rousseff. Por ahora solo hay muchas expectativas.

