Educación
Sin ni siquiera tomar como referencia los alarmantes embarazos de adolescentes, que hoy constituyen un factor crucial, hace tiempo que la educación ha debido impartirse en las escuelas. Más bien avergüenza que el embajador Alberto Navarro, de la Unión Europea, la embajada de Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unicef hayan solicitado que lo relacionado con el sexo se incluya en el currículo educativo.
Porque si hay un lugar donde impartirse la materia es en la escuela, que aquí operan como complemento de la formación hogareña. No puede haber ningún obstáculo, por más sagrado que sea, que prohíba que los jóvenes conozcan todo lo relativo a las relaciones sexuales. Peor es que por falta de conocimiento decenas de jovencitas resulten embarazadas cada año, teniendo que abandonar los estudios para enfrentarse a la traumática condición de madres prematuras. Solo las consecuencias indican que para impartir la educación sexual en las escuelas no se ha debido esperar que lo soliciten embajadas y organismos internacionales.

