Capitulación
La presión de Francia y Alemania era tan fuerte, que el primer ministro griego no tuvo más opciones que capitular sobre las condiciones para el rescate.
A pesar de la victoria del “no” en un referéndum, Alexis Tsipras aceptó las medidas de austeridad que le reclamaban para evitar que las potencias soltaran a su país en banda. Sin recursos y con un corralito, los griegos no podían resistir por mucho tiempo solo amparados en la dignidad.
A la hora de la verdad fueron dejados solos por quienes se habían identificado con su causa. Para evitar la salida del euro y sabrá Dios cuáles consecuencias más, el Gobierno heleno alcanzó el lunes un acuerdo con sus acreedores, a través del cual se comprometió a endurecer las medidas de austeridad.
A Tsipras, que maniobra para evitar las medidas más extremas, lo pusieron contra las cuerdas. Una de las lecciones que ha dejado la crisis griega es que los prestamistas no juegan a la hora de reclamar su dinero, sin importarles que los Gobiernos lo malversaran. A Tsipras no le valió ni siquiera el respaldo del pueblo.

