El sector empresarial no deja deconfundir con sus planteamientos sobre la realidad nacional. Sus dirigentes a veces dan la impresión de que se cantan y se lloran. Por ejemplo, la presidenta de la Asociación de Industrias de República Dominicana (AIRD), Ligia Bonetti, ha reclamado que se cumpla con las reglas de juego para que los sectores productivos no estén a merced de la improvisación. La declaración difiere de la actitud que, por las razones que fueren, había observado la AIRD ante las diferentes medidas de la actual Administración. Al plantear que se mantenga la estabilidad de la macroeconomía, Bonetti parece abrigar temor de que el Gobierno pueda hasta rehuir el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para volcar recursos sin control en el proceso electoral. La inquietud no es con los resultados del certamen, sino con que se repita una práctica de la que en el pasado todo el sector empresarial se ha hecho de la vista gorda. Pero las reglas que plantean son fundamentales para fomentar la necesaria institucionalidad.

