El exjuez español Baltsar Garzón ha retomado el viejo anhelo de que la corrupción sea juzgada como un delito transnacional.
De la misma forma que los crímenes de lesa humanidad, el narcotráfico, el terrorismo, el lavado y las violaciones de los derechos humanos. Si la propuesta prospera puede darse por descontado que la corrupción, un flagelo que tanto daño ha hecho a estos países, se reducirá a su mínima expresión.
Está más que comprobado que las leyes nacionales, por rigurosas que sean, no han contribuido a evitar la depredación ni a transparentar el uso de los fondos públicos. Se necesita entonces, como planteó el ex juez de la Audiencia Nacional de España, que los delitos de corrupción sean considerados de carácter global y regidos por leyes internacionales.
La práctica hace tiempo que superó los meros sobornos y, de acuerdo con Garzón, implica tanto a Gobiernos como a multinacionales y organizaciones criminales. Cabe esperar que los Gobiernos tomen la iniciativa si en verdad desean erradicar la perniciosa práctica.

