En un hilo
Que sobreviva es una cosa. Pero la realidad es que el presidente de Brasil, Michel Temer, ha vuelto a quedar contra las cuerdas con un posible juicio por corrupción.
En menos de dos meses podría ser suspendido del cargo si prospera la acusación formulada en su contra por el procurador general.
Sobre la base del testimonio ofrecido por ejecutivos de una empacadora de carne, el procurador Rodrigo Janot solicitó a la ministra del Tribunal Superior Electoral, Carmen Lucía, proceder contra Temer. La Cámara de Diputados deberá autorizar o rechazar la apertura del proceso.
Aunque el mandatario ha afirmado que se mantendrá en el cargo, e incluso ha contraatacado, su suerte está en veremos.
Con una popularidad que ha descendido a un 7%, el nivel más bajo de toda la historia para un mandatario, y una crisis económica que no ha dado tregua, se advierte que su capacidad de maniobra es muy reducida.
Hasta muchos de sus aliados que conspiraron para apartar del poder a la presidenta Dilma Rousseff por manipular las estadísticas fiscales hoy están en su contra.

