¿Nada más?
No basta con que la ministra de Salud Pública, Altagracia Guzmán Marcelino, defina como una vergüenza la muerte de siete infantes en menos de una semana en el hospital Jaime Mota, de Barahona.
Por más dramático que en realidad sea el caso lo que se requiere es que tras la investigación se apliquen los correctivos y sanciones correspondientes sobre los penosos decesos.
Entre las causas encontradas por una investigación del Servicio Nacional de Salud (SNS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se citan baja aplicación de los protocolos neonatales y debilidades en el laboratorio clínico y el departamento de imágenes.
Al menos cinco niños, según la evaluación, perecieron debido a la ruptura prematura de membranas y al bajo peso. Es obvio que tanto los médicos como las autoridades tienen que asumir sus responsabilidades sobre las defunciones.

