Página Dos

PRIMERA FILA

PRIMERA FILA

Al ser sentado en el banquillo de los acusados por espionaje telefónico, el juez Baltasar Garzón se ha convertido en una víctima de los intereses del poder político en España. Es lo más insólito que tuviera que responder por supuesta prevaricación antes que los acusados de una trama de corrupción que salpica dirigentes del Partido Popular. Garzón, que saltó a la fama con la orden de detención en Londres del finado dictador chileno Augusto Pinochet, se ha granjeado muchos ataques por conflictivas investigaciones judiciales. Los crímenes durante el franquismo es uno de los casos que convirtió al magistrado en blanco de severas críticas. Podrá ser muy cierto que dondequiera se cuecen habas, pero el juicio a Garzón es un mensaje sombrío sobre el sistema judicial. De lo que se trata es de una vulgar cacería  para intimidar a los jueces probos en beneficio de prácticas corruptas del poder político. El proceso judicial es una señal de alerta sobre la impunidad con que la clase política pretende cubrir prácticas corruptas y abusos de poder.

El Nacional

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