Los 22 muertos que se han reportado de la embarcación que naufragó el viernes con 65 en la costa de Sabana de la Mar entrañan otra lección sobre las arriesgadas travesías. No se van a detener con arengas ni dudosas estadísticas, sino creando las condiciones socioeconómicas que generen confianza en el futuro de la nación. Mientras la gente piense que en este país no hay esperanza para prosperar por medios lícitos, seguirá arriesgando la vida en procura de un mejor destino en el extranjero. Puerto Rico tiene problemas de empleo y de seguridad, pero aún así quienes se costean las peligrosas travesías consideran que allá o en Estados Unidos pueden alcanzar su sueño. No es ocioso recordar que las travesías tienen una elevada inversión, que en ocasiones suponen hasta la venta de bienes. Significa que no todos pueden darse el arriesgado lujo. Además de esas condiciones las autoridades tienen que hacer lo indecible para evitar los peligrosos viajes en atestadas embarcaciones capitaneadas por comerciantes desalmados.

