El proceso contra al magistrado español Baltasar Garzón ha dado lugar a un interesante debate sobre el alcance de la justicia. El delito por el cual el juez de la Audiencia Nacional de España efrenta una posible suspensión de 20 años ha sido su decisión de hacer justicia en los casos de desapariciones durante la guerra civil y la dictadura franquista. Los remanentes del franquismo no le han perdonado tocar ese tecla, y lo más probable es que también hayan aprovechado para pasarle factura por el mal rato que el magistrado hizo sufrir al finado exdictador chileno Augusto Pinochet. El proceso por prevaricación contra Garzón es otro tramo de las acusaciones y embestidas que ha soportado durante mucho tiempo por su interés de hacer valer el principio de que la justicia es igual para todos. Es insólito que incrimine a Garzón por investigar desapariciones cometidas durante el franquismo y no a los responsables de crímenes cuya aclaración exisgen familiares de las víctimas. El proceso es un revés para la justicia y un premio a la impunidad.

