Más por la voluntad firme, sincera y expresa del presidente Barack Obama y de sus colegas del continente, que por el contenido de la declaración final, la V Cumbre de las América, que concluye hoy, se inscribe como uno de los acontecimientos políticos y diplomáticos más relevantes en la historia contemporánea de América Latina. En efecto, Obama ha proclamado el inicio de una nueva era en las relaciones entre Washington y su traspatio, en especial con Cuba, que lleva más de 50 años excluida del concierto latinoamericano. Parecía impensable, por ejemplo, que el inquilino de la Casa Blanca saludara al presidente Hugo Chávez con tanta efusividad, y quien le dijo que deseaba ser su amigo. Aquí, la secretaria Hillary Clinton transmitió el mensaje del Tío Sam para que el presidente Leonel Fernández ejerza liderazgo en el continente y ayude a limar asperezas entre líderes. Barack Obama ha hablado de nuevo comienzo en las relaciones entre Washington y La Habana. Ya el secretario general de la Organización de Estados Americanos ha anunciado que propondrá anular la fatídica resolución de la OEA que excluye a Cuba de su seno. También se habla de mayores flujos financieros desde Estados Unidos hacia América Latina. No hay dudas de que la Cumbre de Trinidad y Tobago ha sido la mejor de todas. La diferencia: Obama.

