A 37 años que se cumplen hoy de su cobarde asesinato la figura del periodista Orlando Martínez crece como uno de los grandes referentes de la profesión. Murió con su pluma en alto, siempre en defensa de la primera regla de oro del periodismo: la verdad. Pagó con su vida las consecuencias, pero se convirtió en un mártir de la decencia y la ética. Martínez, columnista de El Nacional y director de la desaparecida revista ¡Ahora!, fue víctima de un poder político que no pudo sobornarlo ni intimidarlo. Sabía a que se exponía con el ejercicio de un periodismo responsable, pero prefirió asumir los riesgos antes que arredrarse. El buen periodismo, que resulta tan escaso en estos tiempos en que la corrupción inunda el oficio, está en deuda con él. Rescatar y fomentar los principios que norman el periodismo es el mejor homenaje que se puede hacer a un profesional de quien se podía disentir, pero no acusar de nada pecaminoso. El 17 de marzo de 1975 la intolerancia del régimen de Balaguer le arrancó la vida, porque no pudo matar sus principios.

