El pleito ocurrido el viernes en la cárcel de La Romana, que dejó un muerto y cinco heridos, no puede minimizarse. Tiene que verse como consecuencia del drama penitenciario. El hacinamiento y la lentitud en los procesos judiciales figuran entre los factores que inciden en los motines y conflictos que sacuden las cárceles. A los que también se agregan las frecuentes fugas, muchas de las cuales quedan impunes, e incidentes que involucran a las propias autoridades. Un inventario sobre los motines, riñas, fugas y problemas que caracterizan las cárceles arrojaría un balance tan tétrico como alarmante. Desde hace tiempo los sucesos plantean una revisión de arriba abajo del sistema carcelario, no en lo concerniente única y exclusivamente al espacio físico. Es posible que las cárceles estuvieran más descongestionadas con acelerar los procesos judiciales o liberar a los reclusos enfermos o cuyo tiempo bajo rejas supera la pena a que puedan ser condenados. Mientras no se corrijan muchos problemas habrá siempre pleitos como el ocurrido el viernes en La Romana.

