Estaba tan previsto como la célebre crónica de una muerte anunciada el revuelo causado por el premio de novela otorgado por la Secretaría de Cultura a una nieta de Trujillo. La protesta de los muy sensibles antitrujillistas no ha sido contra la calidad de la obra, que posiblemente algunos ni siquiera han leído, sino por el hecho de que se premiara a una descendiente del finado dictador. De no ser así los grupos antitrujillistas habrían protestado contra obras más laudatorias sobre el tirano, escritas por figuras más influyentes, que la novela A la sombra de mi abuelo, publicada por Aída Trujillo.
Se tenía entendido que el premio había sido a la calidad literaria, al margen del estilo y de la propia temática e independientemente del nombre del autor. El revuelo ha generado una publicidad gratuita para la novela, que contribuye a revivir el mito sobre la figura de Trujillo. Y la Secretaría de Cultura, con su ambivalencia, ha dejado muy mal parados los criterios sobre los que se basan las premiaciones.

