Más que el tratamiento de quimioterapia que el Fondo Monetario pretende imponer como remedio a la crisis fiscal, ese gendarme debería acceder al planteamiento que ha hecho el economista Bernardo Fuentes de permitir que el faltante en el ejercicio del Presupuesto del Gobierno Central sea en 2011 mayor a lo proyectado. En efecto, el FMI exige que el déficit fiscal se reduzca al final de este ano, de 3.2 a 1.6 por ciento del Producto Interno Bruto, lo que impone una meta inalcanzable, a menos que no se apliquen más impuestos o se estrangule aun más la economía popular. En 2009, el déficit fiscal fue de más de 70 mil millones de pesos, en 2010 se redujo a menos de 50 mil, pero para este año, el Gobierno se ha fijado como meta reducirlo a 33 mil millones (1.6 del PIB). No se contaba con el imprevisto del incremento en el petróleo, calculado en la Ley de Gastos a 79 dólares el barril, pero que ya alcanza en promedio los 100 dólares. Por el lado del gasto es poco lo que se puede hacer, pues el gobierno lo redujo en 12 por ciento y paralizó la construcción de nuevas obras. La cancelación de 20 a 30 mil empleados públicos- botellas o no, sería remedio peor que la enfermedad. La propuesta del licenciado Fuentes parece lo más viable, más aún porque nadie está obligado a lo imposible.

