Es loable y legítima la preocupación de la presidenta de la Fundación Kennedy a favor de los derechos de los inmigrantes haitianos. Son seres humanos. Pero la señora Kerry Kennedy, hija del ex senador Robert Kennedy, debe cuidarse de que su grata presencia se traduzca en injerencismo. Su interés por la suerte de los inmigrantes haitianos debe constituir una señal muy elocuente para las autoridades dominicanas de que en el caso de los extranjeros deben actuar con apego a los principios internacionales.
La condición de nación soberana no es una licencia para atropellar ni violar los derechos humanos de los inmigrantes haitianos ni de nadie. La preocupación de la Fundación Kennedy, que se ha auxiliado de la activista Sonia Pierre, del Movimiento de Mujeres Domínico-Haitianas, es la documentación de los haitianos nacidos en República Dominicana. El dramático problema de los inmigrantes es para que se le preste atención, pero sin presiones ni injerencismos inaceptables, algo de lo que debe cuidarse la señora Kennedy.

