El voto consciente se ha convertido en un clamor para prominentes figuras de la Iglesia Católica como para otros sectores. Es lo que debe ser. Pero los sectores que demandan un sufragio que responda a la libertad deberían también pronunciarse sobre las denuncias de compra de cédulas, masivos programas sociales con recursos públicos para incidir en la intención del votante y detenciones arbitrarias de opositores. Esas y otras acciones con el propósito de intimidar resquebrajan el ambiente para que, como clamó el obispo Amancio Escapa, el electorado pueda sufragar en forma libre y de acuerdo con su conciencia. Tan exacerbada está la atmósfera, que el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez ha llamado a la calma. Pero la verdad es que no basta con llamados ni con pactos como el de civilidad para crear un clima propicio, en que las votaciones sean la expresión de la voluntad popular. Es necesario que voces tan respetadas y autorizadas intervengan en demanda de que se respeten las reglas de juego para evitar dolorosos traumas.

