Menos mal que el vicepresidente Rafael Alburquerque reconoce el auge de la criminalidad, aunque estima que la lucha contra el mal no es una tarea únicamente del Gobierno. Pero hay que dejar claro que por ser el administrador de la cosa pública sobre el Gobierno recae el mayor compromiso para garantizar la paz y la seguridad de la ciudadanía. Por la carencia de medios para combatir la criminalidad y el narcotráfico la población no ha hecho más que defenderse de esos males sociales. Pero como el vice estima que la erradicación de la violencia es una tarea de todos, sin renegar de las responsabilidades del Gobierno, a lo mejor se le asignan funciones a la población. Si las autoridades hacen su trabajo, como dijo el funcionario, es posible que sólo falte la colaboración complementaria aportada por la ciudadanía para despejar la atmósfera y revertir el panorama. Es verdad que las autoridades han tomado medidas para combatir la violencia, pero es obvio que no han sido las más eficaces. La violencia está que hace ola y, para colmo, también la impunidad.

