Las autoridades concluyeron ayer la búsqueda de más cadáveres y posibles sobrevivientes del naufragio ocurrido el pasado sábado frente a las costas de Samaná, lo que quiere decir que esa tragedia en la que murieron 54 personas y otras 10 siguen desaparecidas, ingresa al laberinto del olvido mientras autoridades y sociedad aguardan por el próximo episodio trágico, como si sobre tantos hombres y mujeres pesara la maldición de morir ahogados o en las fauces de los tiburones en frustrados viajes en yola a Puerto Rico.
Antes de esa travesía de indocumentados hubo otra que salió de la misma zona costera de Nagua y que también zozobró con reportes de decenas de muertos y no hay por qué dudar de que otras más se preparan para desembarcar repletas de gente y sueños con destino a la incertidumbre. Difícil entender cómo puede congregarse tanta gente en un mismo lugar para abordar una yola sin que ninguna autoridad se percate de tan inusual movimiento e impida la ocurrencia de una tragedia como la acaecida frente a las costas de Samaná y Sabana de la Mar, donde zozobró una yola con 75 pasajeros, de los cuales apenas sobrevivieron 14. El capitán de esa yola se aventuró a tal travesía a subienda de que las condiciones del mar no eran apropiadas.

