Con el nombramiento del señor Celso Marranzini como vicepresidente de la CDEEE, las turbinas de la privatización se han encendido en el negocio de la electricidad, lo que parece indicar un futuro promisorio para el sector eléctrico.
Siempre he sido abanderado de la total privatización y subsiguiente liberalización del mercado eléctrico, teniendo una alta seguridad de su éxito en caso de aplicarse, pero eso siempre va a depender de muchos factores.
A la fecha, mucha gente todavía cree que lo que se realizó a finales de los 90s fue una privatización del sector, y bajo esta errónea percepción, se le han achacado todos los males del negocio a algo que en realidad nunca pasó. En ese tiempo el sector fue capitalizado por inversionistas privados, léase la CDE, estaba quebrada y tuvo que requerir dinero privado para poder mantener la electricidad corriendo, pero el Estado conservó la titularidad de mayor parte del negocio y siempre un férreo control sobre todas las variables.
Las lección aprendida es que en definitiva, el sector sometido al yugo opresor del Estado nunca va a avanzar, sea imponiendo condiciones con fines politiqueros, o sea manejando directamente el negocio.
Lo que espero, sin embargo, es que no sea necesario aprender otra lección, que supuestamente está aprendida desde los tiempos de Codetel en el caso de las telecomunicaciones. De nada sirve eliminar el monopolio estatal si lo sustituimos por un monopolio privado.
Parte de la maldición del proceso de capitalización ha sido precisamente la división de la distribución de un monopolio nacional a tres monopolios regionales, ya que a fines competitivos y para el consumidor, sigue siendo lo mismo.
El éxito de la privatización va a depender directamente de la competitividad en la distribución. Si hay varias empresas disputándose los clientes de la distribución, estas van obligatoriamente a ejercer presión sobre el mercado de la generación.
Para poder ganar el mercado de distribución en una determinada región, la empresa va a tener que ofrecer mejores precios, mayor estabilidad al suplir la energía, buen servicio al cliente, etc. y esto en gran parte va a depender de a quién le compren la energía, y siempre van a tender a comprar a la generadora que supla de forma más estable y a menor costo. Esa es la belleza de la privatización en un mercado liberalizado.
Veo muy positivo el movimiento hacia la privatización, pero por favor tengan muy presente las lecciones supuestamente ya aprendidas, y no sigamos cayendo en el RDismo, donde todo lo hacemos mal.

