Por fin, acabamos de oír el aviso del esperado proyecto de desarrollo para los próximos 20 años presentado por el Gobierno, a través de su área de Planificación y Economía que dirige el ingeniero Temístocles Montás.
Montás explicó que se procura dignidad, seguridad y paz, con igualdad de oportunidades, en un marco de democracia participativa, ciudadanía responsable e inserción competitiva en la economía global. Destacó además según vimos en El Nacional el pasado domingo, que debe garantizarse un desarrollo de forma innovadora y sostenible y preservar el medio ambiente. A este encuentro asistieron representantes del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, la Unión Europea y las Agencias de Cooperación Internacional de España, Japón y Alemania, así como de las Naciones Unidas (el PNUD) y embajadores de varios países.
Hace tiempo que venimos demandando un paso firme sobre este proyecto. La tecnología y los avances de hoy han permitido a muchos países crecer y desarrollarse colosalmente, sin tomar en cuenta su tamaño.
Dentro de este proyecto, debe preservarse nuestra soberanía, los recursos naturales, la competencia, el respeto a los derechos humanos, aplicar la Ley de Inmigración, la libertad de expresión y las libertades, la educación, salud, electricidad, las aguas, combatir la corrupción, la pobreza, una política equilibrada entre lo fiscal y lo monetario, facilitación para el trámite de los proyectos con sentido realista; y tomar en cuenta a todos los sectores; organizar los mercados buscando el que más beneficie a nuestro pueblo, llámese Estados Unidos, Europa, Haití, quien nos respete y nos dé mayores beneficios.
Analizaremos bien esa estrategia, y nos proponemos ampliar sobre el tema.
Recuerdo haber estudiado y analizado una obra interesante, escrita por el escritor e intelectual argentino Andrés Oppenheimer, Cuentos Chinos, muy documentado, quien presenta experiencias de países que se han levantado haciendo grandes esfuerzos, utilizando la educación técnico-científica, así como los sistemas de la modernidad, el consenso y especialmente las experiencias de quienes han triunfado.
Sobre América Latina, en dicha obra esta región es presentada con serias lagunas, salvo el optimista criterio de la CEPAL, aunque el autor argentino también deja ver que podrían resultar sorpresas con los latinos, y trae a colación que si dichos latinos trajeran una parte siquiera de los 400 mil millones de dólares depositados en el extranjero según el gran Banco Golmansachs, otros resultados tendríamos, y nos alcanzaría, finalmente, hasta para sobresalir.
